Emociones
Al abogado que había previsto todo, que se había preparado para un ordenado relato, para afrontar las filosas preguntas de los defensores, justo cuando menos lo esperaba se le hizo un nudo en la garganta, le brotaron algunas lágrimas, disparando el repiqueteo mediático de un quiebre y de una sonrisa burlona de Brusa, registrada por las cámaras que grababan la audiencia, de la que ni cuenta se dio en ese momento.
Podría ser esa la síntesis de un relato desde fuera del escenario.
Los juicios orales tienen esa faceta, que te hacen saltar a superficie toda la procesión que llevás por dentro. Fue una jornada de mucho stress y emociones que salieron a la luz. No me di cuenta de la risa de Brusa porque si no, no sé cual hubiera sido mi reacción, capaz que me levantaba, lo agarraba de las solapas o lo puteaba. Menos mal. Al principio no me gustó el repiqueteo periodistico de que me "quebré y estallé en llanto". Será por eso que tomé tanta agua para reponer el líquido perdido por tantas lágrimas, ja, ja.
Ya otra vez me había pasado frente a las cámaras, para colmo de Canal 13, cuando hacia 1999 estaba al lado de la morgue en el cementerio y me hacen una nota cuando el EAAF me terminaba de comunicar que dos restos NN peritados pertenecían Silvia Wollert y Norma Meurzet (J de la Rosa y Guemes, 24.03.77). No me pude contener. Fue algo que me superó. Un sentimiento que no pude dominar. Le dije al camarógrafo por favor editá esto. Me dijo que sí que no me hiciera problemas ... y luego lo vio todo Santa Fe. En tribunales algunas empleadas me felicitaban, era como que nunca había pasado eso con un abogado ...
En verdad me salió de adentro el dolor por lo sufrido por mi familia con la persecución desatada luego de mi detención y mis denuncias de tormentos. Muchos años dijeron algunos que todo fue por mi militancia, por mis acciones. Había un sistema subliminal de transferencia de culpas. Hoy, a medida que se va corriendo lentamente el velo de la impunidad, la catarsis ayuda a develar la verdadera trama.
La bomba criminal en mi casa a un mes de mi detención, donde vivían mi padre (que me había asistido en la indagatoria y me apoyó para denunciar lo sufrido), mi madre, mi hermana mayor, mi hermano de 18, el más chico de 14 y mi abuela de más de 80. Luego el terrible operativo militar, el día del golpe, para detener a mi padre, entrando tenientes por los techos con sus fusiles a la vista. Con todo ese cuadro al poco tiempo fallece mi abuela y enferma de síndrome ezquizoide mi hermano menor, que sufre las consecuencias hasta el día de hoy.
Pero bueno, no acepté el ofrecimiento de cuarto intermedio del Dr Lopez Arango, pedí un minuto con la palma de mi mano, tomé toda el agua mineral que tenía a mano y enseguida me repuse, continuando el relato.
Fueron más de tres horas. Dije todo lo que pude, todo lo que me permitió esa situación de stress. Los detalles de mi caída en el incendio a Grossi, las dos sesiones de torturas sufridas en noviembre de 1975, las características de ese periodo de transición, luego de los decretos de aniquilamiento de la guerrilla del presidente interino Luder, cuando ya el gobierno de Isabel tenía fecha de finalizacion hacia más o menos fines de marzo del año siguiente, cómo funcionó -según mi conocimiento- el sistema de terrorismo de estado en la ciudad de Santa Fe y alrededores durante toda la década del setenta.
También pude explayarme sobre todas las maniobras de entorpecimiento para el progreso de mi denuncia a lo largo de estos largos treinta y tres años y diez meses, además de lo ya dicho, mi nuevo encarcelamiento por dos semanas luego de salir en libertad el 22.11.82, las raras maniobras en la fiscalía federal para no dejarme entrar como querellante en la causa (porque mis torturas fueron antes del golpe !!!), las amenazas de difamación, luego ejecutadas, con las actas de torturas ... las falsas acusaciones que caerían en mi contra, etc, etc.
Bueno, me saqué un gran peso de encima. Luego declararon algunos testigos que ofrecí, el Cuto Barquín, el Pancho Klaric, hermosos testimonios, el policía Monzón que lo tuvieron dos años en cana con PEN por haberme ayudado, un médico de policía que, si bien reconoció su firma y sello de un examen médico, dijo que ningún preso de esa época le había dicho que fue torturado, flor de hijo de puta. Luego la proyección del video del programa del 06.03.97 de "Mujeres de fin de siglo" conducido magistralmente por la valiente periodista Ana Fiol, quien prestó su testimonio, donde por primera vez se dio la nómina de la Patota que actuó en la ciudad de Santa Fe, lo que le valió graves amenazas en aquel momento. Queda el de la profesora Boidi, quien me salvó la vida en mi caída, que ojalá pueda venir de Europa donde vive, sorteando una situación de salud difícil.
Que sirva este relato como experiencia para los testimonios de otras víctimas que vendrán.
Les agradezco profundamente a todos los compañeros que me contuvieron espiritualmente, a mi familia, a los funcionarios del gobierno provincial que estuvieron todo el tiempo junto a mí. Ni hablar del extraordinario desempeño de los abogados de la acusación.
Santa Fe, 17 de setiembre de 2009.
Parte de la crónica periodística
"Estos tipos no trepidaban en nada", narró Pedraza
En noviembre del 75, Pedraza, por entonces militante de la JUP fue detenido. Fue torturado en la Guardia de Infantería, encerrado en un calabozo de la 4ª y un nuevo traslado a un centro clandestino.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/10-20210-2009-09-15.html
Por Juan Carlos Tizziani
El Tribunal Oral Federal escuchó ayer los primeros tres testigos en el juicio al ex juez Víctor Brusa y cinco ex policías presos por delitos de lesa humanidad. El primero fue el abogado Jorge Pedraza, que interrumpió su relato dos veces quebrado en llanto, primero cuando recordó un atentado explosivo en la casa de su padre en el microcentro santafesino el 6 de diciembre de 1975, y luego, las secuelas de por vida que la onda expansiva de dos kilos de trotyl dejó en su hermano menor. "¿Quiere que pasemos a un cuarto intermedio hasta pueda continuar?", le ofreció el presidente del Tribunal. "No, es un minuto", se disculpó Pedraza, conmovido hasta las lágrimas. La sala de audiencia enmudeció, pero Brusa desafió el silencio con una risita socarrona que hasta incomodó a uno de sus compañeros de banquillo: "¡No, pará, pará!", lo frenó el ex oficial de Inteligencia, Eduardo Ramos, precisamente, uno de los denunciados por Pedraza. La burla de Brusa y el reto de Ramos quedaron en un primer plano en las cámaras de TV que registran el juicio.
Pedraza era estudiante de derecho y militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Lo detienen el 6 de noviembre de 1975, acusado de participar en un ataque incendiario de Montoneros a la concesionaria de automóviles Grossi. Llevaba una pistola 45 en la cintura, "que no sabía usar", dijo. Tenía 21 años. A partir de ahí comenzó su martirio: una sesión de torturas en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), el encierro en un calabozo de un metro y por un metro en la comisaría 4ª y un nuevo traslado junto a la docente María Cristina Boidi a un centro clandestino en las afueras de Santo Tomé que identifica como "La Casita", donde padeció más tormentos.
El 24 de noviembre de 1975, el juez federal Elbio Cano lo indagó por el ataque a Grossi que después le costó una condena de siete años de cárcel hasta que salió bajo el régimen de libertad vigilada, en 1982. Pedraza denunció ante el magistrado las torturas que nunca fueron investigadas, hasta ahora. "Me sentía absolutamente vulnerable por los hombres de la patota y sus métodos del terror", dijo. Y recordó que en la mesa de torturas perdió la conciencia varias veces por la picana eléctrica y el submarino seco que lo dejaba al borde de la asfixia. "Cuando uno se desmaya es estar cerca de la muerte. La primera denuncia de las torturas la hice el 24 de noviembre de 1975 y tuve que esperar 33 años y diez meses para que la justicia las investigue".
Un mes después de la detención de Pedraza, una bomba destruyó la casa de su padre en calle Vera 2654. Era la madrugada del 6 de diciembre de 1975. La onda expansiva demolió la mitad de la vivienda, dañó las fincas linderas y no dejó un vidrio sano a cien metros a la redonda. Cuatro miembros de la familia salvaron su vida por milagro, pero un hermano menor quedó con secuelas permanentes y su abuela de 80 años no se pudo recuperar y falleció a los dos meses. "Estos tipos no trepidaban en nada. A mi padre le pusieron esa bomba para intimidarlo. Y el 24 de marzo de 1976, lo detuvieron por el cargo: 'portación de hijo montonero'. Estuvo preso un año, recién salió en libertad en marzo o abril de 1977", relató Pedraza.
Fue allí cuando el llanto lo quebró. El silencio se hizo interminable. "¿Quiere que pasemos a un cuarto intermedio para que pueda continuar?", le propuso el presidente del Tribunal, Roberto López Arango. Pedraza se disculpó: "No, es un minuto". Una auxiliar le acercó un pañuelo y una botella de agua, mientras las cámaras de TV denunciaban una risita burlona de Brusa y la reacción de Ramos: "¡No, pará, pará!", lo frenó el ex oficial de Inteligencia.
En las salas de torturas en la Guardia de Infantería y en el centro clandestino , Pedraza dijo que identificó a dos interrogadores. Uno con voz gruesa y otro más joven. El tiempo y la posibilidad de atar cabos sueltos le pusieron nombres y apellidos a esos registros de la memoria. "El de la voz gruesa era Nicolás Correa. El otro, Eduardo Ramos", los identificó.
En su relato, Pedraza mencionó dos veces a Correa, un experto de inteligencia del Ejército que estuvo imputado en la causa por delitos de lesa humanidad hasta su fallecimiento, en 2007. "Correa el jefe de la patota", como llamó al grupo de tareas. "Llegó a ser el segundo de la Subsecretaría de Seguridad Pública en el primer gobierno de Jorge Obeid (1996 1999) y en ese cargo se recibía a los jefes policiales de la provincia. Ellos conocían a Correa, sabían quién era. Nosotros no lo conocíamos, pero era el jefe de la patota".
Después, ante una pregunta del fiscal Martín Suárez Faisal, Pedraza dijo que Corea era "el jefe operativo del Destacamento de Inteligencia Militar 122. Había pasado a retiro, pero en marzo de 1975 lo reincorporaron a la actividad. Era el cerebro, el tenía pleno conocimiento de la organización Montoneros", señaló.
Pedraza ubicó su martirio en contexto. A fines de 1975 recordó el poder militar ya se había superpuesto al gobierno civil. La ola represiva significó la desaparición de 20 personas en Santa Fe y mencionó dos masacres. La caída de la plaza de las Banderas, una cita nacional de Montoneros el 16, 17 y 18 de febrero de 1976, en la que cayeron siete militantes: Carlos Liviéres Bank, Raúl Ameri, el médico Daniel Angerosa, Enrique Guastavino (hermano del ex vicegobernador de Entre Ríos), Elena De Leonardi y dos jovenes de 19 años: Orlando Finsterwald y Antonio Inocencio Silva. Y el crimen del camino de Las Moras, cerca de Coronda, donde asesinaron a cuatro mujeres, tres de ellas ya identificadas: Olga Teresita Sánchez, Graciela Siryi y María Cristina Mattioli. "El terrorismo de estado comenzó antes del golpe del 24 de marzo", concluyó Pedraza.
PRIMER DIA DE TESTIMONIOS EN LA CAUSA BRUSA
"Militares, policías y civiles estaban complotados en el terrorismo de Estado"
Lo dijo esta mañana el abogado Jorge Pedraza, querellante en la denominada "Causa Brusa". Las testimoniales comenzaron hoy y se extenderán hasta finales de noviembre. Pedraza se quebró por sus emociones cuando contó el atentado que sufriera su familia con un artefacto explosivo en 1975, hecho que generó risas por parte del ex juez Brusa, que fue advertido por todos los presentes.
14-09-2009 | 14:32 hs.
http://notife.com/noticia/articulo/980447.html
Autor: H.M.G
- Fuente: Notife
El juicio por la "Causa Brusa y otros" -que se lleva adelante en el Tribunal Oral Federal (TOF)- comenzó a atravesar de desde hoy una nueva etapa: cerca de 100 testigos declararán frente a los jueces aportando datos, contando hechos y recuerdos de los años de plomo en la ciudad de Santa Fe. Esta mañana arrancó con el testimonio del testigo autor de la cita con la que se titula esta nota. La declaración de Pedraza comenzó cerca de las 10 y se extendió hasta las 13.30, con un cuarto intermedio al mediodía de 10 minutos. La extensión del relato fue sumamente pormenorizado, sin fisuras, preciso y contundente. El abogado local hizo foco en su detención sufrida el 6 de noviembre de 1975, luego de un atentado incendiario en contra de una concesionaria de autos -Grossi- ubicada entonces en la esquina de Avenida Freyre y Junin. Tal como lo había hecho en la etapa investigativa y en primera instancia, Pedraza volvió a recordar el calvario que comenzó con la detención formal y el traslado, primero, a la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), luego a la comisaria Cuarta y a la denominada "casita", un centro de detención clandestino que el Ejército operaba con apoyo del Departamento de Informaciones (D2) policial y que estaba ubicada sobre la ruta nacional 19 a pocos metros de la autopista a Rosario.
El querellante incriminó al fallecido Nicolás Correa y al ex policía Eduardo "Curro" Ramos como sus captores e interrogadores, que se aprovecharon de una situación límite e impune para amedrentarlo e indagarlo. El primero era un suboficial del Ejército que se desempeñó como jefe de la denominada "patota" de calle que llevaban adelante los denominados operativos "antisubversivos". El segundo era un oscuro policía del D2 que se infiltraba en los grupos políticos dentro de la Universidad Nacional del Litoral, principalmente en la facultad de Derecho, según narró el testigo en su alocución.
"Correa era indudablemente ése señor, de unos 50 años, que interrogaba a los detenidos y que tenía un conocimiento de inteligencia notable (...) era inconfundible su voz, gruesa, pausada. Luego fue asesor de primer nivel en la primera gestión de Jorge Obeid como gobernador, incluso los jefes de las distintas delegaciones policiales hablaban primero con él y después con el jefe de la Policía. El "Curro", fue quien me ofreció firmar en un pasillo de la comisaría Cuarta, y en pleno cautiverio, una declaración inculpándome de delitos, lo alcancé a ver de un fogonazo por entre la escasa luz que me entraba por una venda que había improvisado con un pulóver. Estaba junto a otros dos policías. Lo había escuchado en la GIR cuando me detienen por primera vez, era jodón, burlón".
Pedraza, un abogado local de 55 años fue el principal impulsor de la querella criminal contra los represores locales luego de declararse la nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y que el fiscal Eduardo Freiller solicitará formalmente un requerimiento de investigación en Santa Fe. Los primeros cuerpos del expediente que hoy juzga el TOF se sustentan en presentaciones hechas por el abogado y pruebas que él mismo fue compilando. Su primera denuncia por tormentos la realizó apenas 20 días después de su detención ilegal en 1975. El 24 de noviembre le contó al juez federal -Elbio Cano - que había sufrido tormentos en varias dependencias estatales policiales (era aún un gobierno democrático), pero su denuncia fue cajoneada por presiones de los propios represores y la conveniencia del juez.
"Correa era el cerebro, el hombre formado, el que sabía de inteligencia. Tenía pleno conocimiento de las organizaciones civiles armadas de toda la región y quería establecer un nexo entre el atentado al cuartel de Formosa, también ocurrido en 1975 y mi persona (...) la realidad era que yo era un integrante de Montoneros pero que no había tenido nada que ver con ese intento de copamiento al cuartel".
El querellante recordó que luego de su indagatoria en la justicia estuvo en la Alcaidía y de ahí fue trasladado a la cárcel de Coronda, "blanqueado" y a disposición del PEN (sigla del Poder Ejecutivo Nacional). También pasé por Sierra Chica y por Rawson, como una forma de confinarme y castigarme lejos de mi familia. En diciembre de 1975, la patota puso varias bombas en Santa Fe: una en el local del Partido Comunista, otra en la casa de Humberto Giobergia, que era militante peronista (otra en lo de Lina Medina de Manfredi) y otra en la casa de mis padres, fueron dos kilos de trotyl que impactaron fuertemente. Mi abuela, que vivía con mis padres en calle Vera al 2.600, falleció dos meses después y mi hermano, desde entonces, sufre del síndrome esquizoide", contó Pedraza notablemente emocionado, denotado por sus imperceptibles temblores y sus lágrimas. Toda la sala hizo silencio y la secretaria del TOF le acercó un pañuelo y un poco de agua. El presidente del Tribunal le ofreció seguir después de un cuarto intermedio, pero el expositor le indicó con la mano de su palma al frente, "es solo un momento", indicó. Todos los presentes sintieron el dolor del testigo, menos Víctor Brusa, que desató una risa de guasón, sádica, impúdica, indolente.
"Lo ví (a Ramos) después, en democracia, en marchas de trabajadores o del partido justicialista en Santa Fe, yo quedé libre el 22 de noviembre de 1982 y como no podía participar de actos políticos, me iniciaron otra causa en la justicia federal por incumplir la libertad vigilada. En ese entonces Brusa me citó a comparecer y después terminé detenido dos semanas más por haber ido a una marcha de la CGT", narró el abogado.
Luego de la alocución de Pedraza llegó el turno de las preguntas de las partes. La Fiscalía profundizó en la permanencia del denunciante en los centros clandestinos y en la misma línea indagaron los abogados querellantes. Judit Didier, abogada de Ramos quiso embarrar la cancha. "¿Además de Ramos, a quién más vio usted mientras lo trasladaban hacia la denominada casita?", lanzó capciosamente. "No dijo eso el declarante en su exposición", la cortó López Arango, presidente del TOF, "está claro el relato de Pedraza, él señaló que lo vio en el pasillo de la comisaría , donde le pidió que firme una declaración", dijo absolutamente consustanciado el magistrado. La abogada de Facino preguntó qué responsabilidad tenía su defendido en su caso. "Facino quería irse ala casa a las 10 de la noche porque a las 10 y media llegaban del Ejército y le entreban detenidos a los calabozos del fondo (...) él era el jefe de la comisaría, pero los presos dependían del Área 212 del Ejército, igualmente Facino sabía todo lo que pasaba.
-¿Y los demás (imputados) que rol tuvieron en su caso?, le preguntó a Pedraza la defensora oficial Adriana Gastaldi.
-(Héctor Romeo, el Pollo) Colombini firmó el acta de allanamiento cuando revisaron la casa de mis padres, junto a otro policía del D2 Oscar R. Martínez. De todas maneras, todo el departamento de Informaciones de la policía (D2), sumado al personal civil de inteligencia (PCI), a los militares que trabajaban en el Destacamento de Inteligencia 122 a cargo de Marcellini, a la comunidad informativa que estaba integrada por civiles, entre ellos periodistas, todos ellos -continuó - estaban al tanto de todo, complotados con las atrocidades del terrorismo de Estado.
In situ
Mientras se desarrollen las declaraciones están previstas seis inspecciones judiciales, a diferentes comisarías y otros lugares sindicados como centros clandestinos de detención. En este sentido, se informó que la primera visita será el 7 de octubre en la Seccional Primera de la Unidad Regional Uno (URI), donde los testigos harán un reconocimiento in situ del lugar donde permanecieron detenidos durante la última dictadura militar.
El cronograma oficial continuará el 20 de octubre en la Comisaría 4ª (Zavalla y Tucumán); el 27 de octubre en "La Casita", ubicada en la ruta nacional 19 (en el kilómetro 2) y en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Nicasio Oroño 793, en el barrio Centenario.
Para el mes de noviembre se espera que el 18 se inspeccione la casa de "Los Borgia", en Villa California (calle del Sol, a 200 metros de la ruta provincial 1) y el 23 en otra quinta sobre la ruta 19 que fue localizada en octubre de 1998 por una investigación periodística.
Testimonio del cautiverio en Santa Fe
(Pagina12 nacional)
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-131784-2009-09-15.html
El abogado Jorge Pedraza, querellante en la denominada "causa Brusa", brindó ayer una extensa declaración testimonial sobre su cautiverio durante la dictadura e incriminó a algunos de los acusados por delitos de lesa humanidad cometidos en Santa Fe. Pedraza, de 55 años, fue integrante de Montoneros y detenido por primera vez el 6 de noviembre de 1975, aún en democracia, aunque posteriormente fue preso político en las diferentes dependencias controladas por los militares, además de cárceles como Coronda, Sierra Chica y Rawson.
En su declaración, que se extendió por más de tres horas, el abogado incriminó el ex policía Eduardo "Curro" Ramos y al fallecido Nicolás Correa, además de mencionar la participación de otros de los acusados en tareas propias de la represión ilegal. Las denuncias y pruebas que Pedraza aportó fueron claves en el inicio de las investigaciones contra represores que actuaron en Santa Fe, tras la nulidad de las leyes de impunidad.
El abogado fue el primero de una serie de alrededor de cien testigos que declarará ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, que juzga a seis acusados por delitos de privación ilegítima de la libertad agravada, vejaciones, apremios ilegales, coacción y tormentos, todos en concurso real. Se trata del ex juez federal Víctor Brusa, el ex jefe de la Dirección de Drogas Peligrosas Héctor Colombini, el ex jefe de la Guardia de Infantería Reforzada Juan Perizotti, la ex carcelera policial María Eva Aebi, el ex jefe del Comando Radioeléctrico y de la comisaría 4ª Mario Facino, y el ex policía Eduardo Ramos.
Pedraza brindó un testimonio preciso y contundente, aunque por momentos se emocionó, especialmente cuando narró los sufrimientos padecidos y el atentado explosivo que sufrió su familia en 1975, hecho que motivó una risa burlona del acusado Brusa. Dijo que fue detenido por primera vez tras un atentado incendiario contra una concesionaria de autos, atribuido a la organización Montoneros. Pedraza relató que primero estuvo cautivo en la Guardia de Infantería Reforzada, luego en la comisaría 4ª y posteriormente en un centro clandestino de detención denominado La Casita, descubierto en 1998 sobre la Ruta Nacional 19.
Pedraza dijo que Correa intentó vincularlo con un atentado contra un cuartel de Formosa, cometido en 1975. "En realidad yo era un integrante de Montoneros, pero no tuve nada que ver con ese intento de copamiento", aclaró el sobreviviente.
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Ana María Cámara dijo
Coco: EXCELENTE TU DESEMPEÑO! es una lástima no haber podido escuchar tu testimonio in situ pero...NO MANIFIESTES TU VERGÜENZA X HABERTE EMOCIONADO...LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN Y LO HACEN PORQUE SON MEJORES PERSONAS, no me arrogo la representación de todas las militantes pero lo hemos charlado, nos enorgullece haberlos tenido de compañeros. UN ABRAZO REVOLUCIONARIO. Ana Cámara
17 Septiembre 2009 | 06:08 PM